Castro Urdiales
es una moderna y cosmopolita localidad de la
costa más oriental de Cantabria, limítrofe
con el País Vasco, que viene gozando
del favor de la alta burguesía vizcaina
como centro de veraneo desde principios de siglo.
Su principal actividad económica está
constituida por el sector servicios que emplea
mayoritariamente a la poblacibn. No obstante,
afin perviven algunas pequeñas industrias
tradicionales destacando las de conservas de
pescado, especialmente de bonito y anchoas.
Sus poderosos atractivos turísticos basados
en la tranquilidad de su ambiente, la naturaleza
de su entorno y la distinguida forma de vida
de sus gentes, convierten a Castro Urdiales
en claro exponente del encantador veraneo cantábrico.
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Muchos de sus primeros visitantes han fijado de forma temporal
o permanente su residencia aquí, pensando
en la calidad de vida que se les brinda. También
por su cercanía con el País Vasco
a través de la autovía con Bilbao
y San Sebastián, los fines de semana
Castro recupera gran parte de este ambiente |
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| festivo que tan sobrado
anda en la época estival. |
Castro organiza durante todo el año ricos y variados
eventos populares con su máxima expresión
en la original fiesta nocturna del Coso Blanco, fiestas
en las que los castreños se vuelcan y entregan
con especial ánimo.

Castro Urdiales también posee una extensa y reconocida
a gastronomía, bien definida en su concepción
tipicamente marinera, y que está basada lógicamente
en la excelencia de los frutos que tan generosamente
proporciona el mar: pescados y mariscos. Materias primas
que son elaboradas tradicionalmente por sus prestigiosos
artesanos cocineros, consiguiendo elevar a la máxima
categoría ciertas preparaciones culinarias que
tienen como fundamental la lubina, la merluza, el lenguado,
el bacalao, los chipirones... o guisos más elaborados
como la marmita de bonito o de langosta.
Como complemento a la gastronomía convencional,
las diversas tabernas y bares ubicados en los soportales
junto al puerto, ofrecen orgullosos sus mostradores
repletos de vistosas y atractivas tapas, bien dispuestas
para un sabroso picotéo. Este animado buillicio
representsa una de las más encantadoras estampas
del Castro típico y marinero.
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